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¡A sus órdenes mi Coronela! Vive la experiencia ¡Ajúa!

Por Tania Ortiz S.

Ustedes, queridos lectores, entenderán de sobra que muchos papás y muchas más mamás sufren (con sigilo, claro) cuando el hijo o la hija piden comer y exigen que sea alguno de esos amasijos de ingredientes grasosos e insípidos que se venden por miles en otros miles de “restaurantes”; que engatusan a nuestros vástagos con cajitas de color rojo, fotografías lustrosas en el “menuboard” y juguetes chinos chafas de personajes de moda. Apenas entramos a uno de esos lugares y la mal oliente grasa ya lacera nuestro espíritu. Con tristeza revisamos la corta oferta de productos y caemos en cuenta que es la misma cosa pero trocada en diferente nombre. Hamburguesa doble con papas, gran hamburguesa con papas, hamburguesa de pollo con papas y así hasta terminar con nuggets de pollo con papas… y ni hablar de las ensaladas.

Bueno, les confieso que soy fan de la hamburguesa, cosa que me dificulta la búsqueda de buenas opciones; supongo que deben existir lugares muy buenos. He tenido mala suerte y me han tocado hamburguesas tan malas como las del payaso americano, así que desconfío de todo lugar casi siempre. Creo que una hamburguesa (por simple que parezca) no tiene que ser un alimento básico de sabor estándar y con los mismos ingredientes todo el tiempo…

Casualmente, en una reunión de amigos, hablamos del tema. Al parecer es queja generalizada la de los papás lidiando con los hijos empecinados en engullir esos simulacros de alimento. Además llegamos a la conclusión de que el problema no era –no es- comer hamburguesas, sino, comer hamburguesas malas (cosa fácil: un pan, una rueda de carne molida prefabricada y congelada, “queso” fundido en rebanada, jitomate, lechuga, aro de cebolla). Un amigo, comelón nos recomendó –para terminar ese tema- comiéramos en La Coronela. Nos dio santo, seña y reseña. Tal parecía que era publirrelacionista de la marca.

Un sábado decidimos, mi familia y yo, visitar La Coronela. Nuestras expectativas eran medianas dado el mínimo éxito obtenido en anteriores incursiones gastronómicas. Les cuento.

El lugar es muy agradable, sencillo y limpio; con un magnífico aroma de carne cocinándose. Pudimos ver al chef preparar las hamburguesas con dedicación. La carta es amplia tomando en cuenta que su producto principal son las hamburguesas. Pero que hamburguesas: grandes, suculentas, riquísimas y diferentes. Hamburguesas de autor sin chocantería. Por lo que nos platicaron ahí mismo, los ingredientes son de primera calidad y de productores locales casi todos. Lechugas hidropónicas, jitomates orgánicos, quesos reales, carne de una carnicería de Cholula (pedida con muy rigurosos estándares), papas cortadas y fritas al momento. Muchos aderezos con productos orgánicos. Cervezas, aguas frescas que cambian todo el tiempo (lejos de las comunes) y buen vino directo de un productor de Atlixco.

Yo pedí una Coronela, mi hija la versión pequeña Coronelita y mi esposo una especialidad de la casa: hamburguesa con cebollas caramelizadas al vino tinto y queso azul acompañando a 200 gr de carne jugosa y en su punto (sazonada con una antigua y recelosamente guardada receta alemana). No hacía falta que le recomendaran evitar la salsa catsup (él sabía del sacrilegio). Que diferencia. Comer hamburguesas ahí es la gloria de diletantes y glotones. Mi hija conoció la mejor versión de la hamburguesa y ha desechado las de plástico. Cervezas y agua fresca. Rematamos con unas exquisitas empanadas venezolanas. Puro placer.

Pero por mucho que yo les platique del lugar, es mejor que ustedes se cercioren de mis dichos. Abren de jueves a domingo a partir de las 13:00 horas hasta las 22:00 horas, excepto el domingo que cierran a las 20:00. LA CORONELA se ubica en Camino Real a Momoxpan 2007, plaza La Carcaña, local 2 (a un lado de Comex). Ustedes, estimados lectores, tendrán la mejor opinión, la mía, como de costumbre es modesta.

Gracias Luz y Alex por tan delicioso emprendimiento al sabor y sobre todo al buen servicio.

Mercadóloga

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