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Blancos y negros en la Película Roma

La película mexicana “Roma” de Alfonso Cuarón ha logrado obtener más de 160 premios y reconocimientos en diversos festivales y foros, de modo que los tres conquistados en la pasada entrega de los premios Oscar abonan al camino de consolidación que el cineasta mexicano y sus más cercanos compañeros de sueños – Guillermo del Toro y González Iñárritu -, han ido conquistando en el mundo del séptimo arte. Eso parece llenar de orgullo, euforia y satisfacción a una sociedad mexicana ávida de escuchar buenas noticias, deseosa de festejar triunfos, alcanzar logros y celebrar; pero ¿se trata sólo de encontrar motivos para festejar o existe un interés genuino por impulsar y respetar los logros del otro? Es ahí donde habitan los blancos y los negros de esta extraordinaria historia.

Desde que la película se expuso por primera vez a finales del 2018, el guion, las locaciones, la música y parte del elenco han sido sujetos de críticas, burlas y denostaciones. Especialmente Yalitza Aparicio (Cleo), la joven indígena triqui oaxaqueña que protagonizó esta historia y que desde su nominación al Oscar como mejor actriz por la máxima academia de cinematografía los memes, las burlas, los comentarios racistas y depredadores, especialmente en redes sociales, no se hicieron esperar. Mercadológicamente este fenómeno se conoce como disonancia cognitiva y consiste justamente en la diferencia que existe entre lo que se dice, piensa y/o actúa, por ejemplo: Se dice estar felices por los reconocimientos a la película o actores, pero las burlas o malos comentarios siguen circulando.

¿Por qué socialmente se dan este tipo de manifestaciones y actitudes? El análisis del comportamiento humano permite entender por qué las personas se expresan, comportan y vinculan socialmente a través de un conjunto de creencias que mal llaman valores, y cómo a partir de ellos definen, reconocen o validan la manera en que una persona puede o debe comportarse para ser aceptada, reconocida o valorada en determinados círculos sociales o de influencia pública.

Estos estereotipos no tienen una relación directa con el nivel de educación, cultura, capacidades personales o profesionales; son prejuicios o juicios de valor relacionados a la apariencia física, color de piel, lugar de origen, nombre, apellido o familia de la que desciende, profesión, idioma, posición económica, relaciones sociales, etc; lo que da como resultado una sociedad superflua, desvinculada y muy lejana al camino de la equidad, la justicia, la solidaridad o la paz.

Hoy el fenómeno se llama Yalitza Aparicio, pero si se goza de buena memoria, hace apenas unos meses en el tintero estuvieron los casos de Alexa Moreno, gimnasta que recibió una lluvia de ataques y burlas debido a su constitución física, el patinador Donovan Carrillo o el bailarín Isaac Hernández, ambos inmersos en un mar de comentarios sexistas y racistas sobre sus preferencias sexuales (las cuales por supuesto son muy respetables), pero que en esta ocasión eran supuestas a partir del deporte que practican y en los que por cierto han destacado internacionalmente. El mismo hijo de Cuarón, Olmo, fue blanco de memes y burlas el mismo día de la premiación; hasta que éstas se vieron parcialmente contenidas cuando se viralizó que el chico padece Síndrome de Asperger.

Entre la vorágine de la hiperinformación y el acceso ilimitado a medios digitales y redes sociales, se ha perdido de vista la responsabilidad que cada uno tiene al usar “el micrófono” y expresarse. La paradoja es pues que aquellos medios que parecieran acercar, en realidad alejan a las personas del sentido más profundo y trascendente de la vida: aquello que nos hace humanos. La respuesta es sencilla de enunciar, pero con un difícil y desafiante reto en su ejecución; ser capaces de desprenderse de creencias limitantes y falsas vestiduras para buscar en el fondo del otro lo que le sucede para desde ahí tomar decisiones que generen puentes y construyan voluntades, ser capaces, como lo hizo Guillermo del Toro, de pasar la estafeta y fundirse en un abrazo sincero con el triunfo del otro.

Observar a los demás ayuda a despojarse de falsos cánones sociales e inclusive identificar oportunidades; si no pregúntele a Cuarón que, a base de observar, reflexionar y experenciar; escribe un guion meticulosamente pulcro, descriptivo, detallado y profundamente humano, que contado de manera simple – de ahí su genialidad -, desentraña la historia más importante de cualquier persona: la de sus raíces y su propia realidad con la que entiende y conecta consigo mismo, con quien hoy decide ser.

Esta película es pues un llamado a la familia, a la esperanza, a la búsqueda del crecimiento personal; plantea sustantivamente la comprensión, la unidad y la solidaridad. Desencuentros, injusticias, dificultades, reencuentros y descubrimientos que habitan más allá del origen, raza o color de piel, ¿cuál es entonces su historia?, ¿cuál es el perfil o descripción de su personaje?, ¿Qué dice el guion que describe la versión de su Roma?

Mercado-comunicóloga, coach, consultora independiente y profunda amante de la docencia. Creo en la equidad, la justicia y las relaciones humanas como fuente de mayor crecimiento personal. 

En Twitter: @Ro_mkt

 

 

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