miércoles, diciembre 13, 2017
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Francisco Martín Moreno pide una reforma espiritual desde Puebla

Para Francisco Martín Moreno, la verdad histórica oficial que contienen los libros de textos sólo han creado un México engañado, tal el título de su reciente libro, editado por Planeta.

Conocer el pasado de un país, las decisiones que lo llevaron a ser lo que es y los porqués que están detrás de ellas ayudan no solo a formar una opinión, sino que también -y mucho más importante- servirían para definir de manera determinante el rumbo y trazar una meta que permitiera a la población acceder a una vida mejor.

Para el escritor, la historia del país, la que está basada en la llamada verdad histórica y que es divulgada a través de los libros de texto, ha sido manipulada al antojo y arbitrio del gobernante en turno y esa suma de transformaciones, casi siempre infundadas, han creado una nación sin identidad propia, por mucho que desde el ámbito político se insista en que en este país pluri-étnico y multicultural, crisol de razas, se originó al mexicano del siglo XXI.

Al menos es la provocadora tesis de Francisco Martín Moreno, el autor que más libros vende en México y quien tras hacer un análisis exhaustivo de las diferentes ediciones de libros de texto gratuito que van a las manos de la niñez mexicana llegó a conclusiones que, lo menos que hacen es dar una sacudida severa al conocimiento que hasta hoy muchos mexicanos han tenido de la historia del país.

Francisco Martín Moreno asegura que contrario a lo que muchos podrían suponer sólo dos libros de texto -el primero publicado en 1960 y, el segundo, el que se editó en 1992, bajo la presidencia de Carlos Salinas de Gortari-, cumplen y “se acercan a la verdad histórica de acuerdo con documentos y fuentes, que son la materia prima de la historia. Además están redactados en un contexto laico y hasta cierto punto liberal, digno de encomio”.

Del resto de los libros, hay enormes críticas que no sólo deberían ser atendidas desde el gobierno y los responsables de editar los textos en los que estudian y aprenden unos 25 millones de niños, sino que tendrían que mover a los padres de familia a preguntar e insistir hasta que reciban respuestas satisfactorias por qué muchos de los fundadores de la nación mexicana o de los héroes que se esforzaron por tener un país independiente desaparecen de una edición a otra.

Lo paradójico del tema es que si hay un país con riqueza histórica ése es México; pero al saber cómo los datos pueden ser manipulados, la nación o, más precisamente, los mexicanos han llegado a tener un sentimiento de orfandad, de falta de identidad o de creer que solo a un puñado de hombres se debe el desarrollo alcanzado hasta ahora.

Detrás de esa manipulación, dice el autor, no hay más que la intención de la clase política de ejercer el poder hasta anular a la sociedad, hasta someterla, sabedora de que “quien controla el pasado, controla el futuro”.

Pero en este propósito, el gobierno no ha estado solo; cuenta con dos poderosos aliados cuya intevención pone en duda la libertad y soberanía del país consignadas en la Constitución. Son la Iglesia católica y Estados Unidos las dos entidades que parecen haber redactado mucho de lo que aprenden en las aulas los niños mexicanos, según la percepción del autor.

De hecho, gracias a la manipulación, a las verdades a medias, a la eliminación de pasajes históricos trascendentes es que hoy en día la mayoría de los mexicanos es incapaz de responder “por qué somos un país de reprobados y por qué existen millones de mexicanos sepultados en la miseria, por qué siendo un país rico en recursos naturales somos incapaces de aprovecharlos en beneficio de nuestros habitantes, de la inmensa mayoría marginada; un México muy rico y muy pobre, un país con grandes bienes materiales que paradójicamente han sido, para nosotros, verdaderas maldiciones”.

Para ejemplificar sus conclusiones, el autor se remonta hasta el México precolombino cuando, ciertamente, se realizaron sacrificios humanos (calificativo dado por los españoles que llegaron a la antigua Tenochtitlán), mas con un sentido espiritual porque se trataba de ofrendas a los dioses para que a la muerte siguiera la vida, como parte de un ciclo constante.

“Pero nunca existió el sadismo ni los suplicios con el fin de obtener dinero, de hacerse de riquezas ajenas sino que se ofrecía la sangre para halagar a la divinidad como parte de un primitivismo teológico”, dice. “Pero jamás se inmoló a nadie en la piedra de los sacrificios para que el supremo sacerdote se apoderara y disfrutara de los bienes del ejecutado, tal y como ocurrió en los dominios españoles donde ‘no se ponía el sol’”.

Y así de la historia oficial se suprimió la existencia de uno de los primeros grandes tlatoanis, Tlacaélel, y se dio preponderancia a la Santa Inquisición, cuyo poder aún hoy está impregnado en el imaginario colectivo, de tal manera que el orgullo por el México antiguo se anuló; como también ocurrió con la satisfacción que podría dar sentirse verdaderamente mexicano y saberse capaz de ser exitoso y contribuir a encontrar soluciones que lleven a una vida mejor.

En un principio, en la década de 1960, los primeros autores de los libros de texto hicieron patente su aspiración de que estos se convirtieran en uno de los legados que la Patria deja a sus hijos y, si eso hubiese ocurrido, la formación académica de niños y jóvenes los habría llevado a ser ciudadanos conscientes al participar en las decisiones políticas del país al ejercer su derecho al voto.

Contrario a ello, hoy los jóvenes que votaron en las elecciones de 2012 y los que lo harán por vez primera en 2018 carecen de elementos precisos, objetivos, o por lo menos neutros, que les permitan tomar la mejor de las decisiones posibles. No obstante, el proceso constante de aniquilación del pasado indígena, el ensalzamiento de algunos héroes y las verdades oficiales al amparo de los dictados de la Iglesia para adornar o justificar ciertas acciones hacen, desde ahora, posible imaginar quién o quiénes serán los personajes políticos más favorecidos por el electorado.

Y es que en este análisis de Francisco Martín Moreno nadie escapa: ni el pasado ni el presente. Lo mismo consigna los pendientes de los gobiernos emanados del Partido Acción Nacional (PAN), que los del viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del mal llamado nuevo PRI en acotencimientos tan recientes como la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, la matanza de Aguas Blancas y la lucha contra el narcotráfico.

Pero el autor tampoco deja fuera a quienes siguen la línea del caudillismo y se erigen en poseedores de la verdad absoluta, como en su opinión ocurre con Andrés Manuel López Obrador, “hoy dueño de Morena, en cuyo interior no existe la menor expectativa de democracia, sino que todo gira alrededor de su único amo, ciertamente movido por la sordera y la intolerancia”.

Recuperado para VickyFuentes.com

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